El alcohol y las drogas

Hola a todos, gracias por leernos cada día más. Esto nos pone muy contentos y a la vez nos da más fuerzas para seguir adelante con la página. En esta oportunidad hablaremos sobre un tema más que interesante, sobre todo para los padres, nos referimos al inicio en las drogas de los adolescentes y el alcohol como puente de entrada.

El momento de tomar contacto con la droga por primera vez es tan simple y por ello parece tan inocente, que la persona cree que su relación con ella siempre va a ser igual de sencilla y manejable. La característica omnipotencia del adolescente no es, por otra parte, una buena aliada cuando se trata de adicciones. Él siente que puede y que podrá dominar la situación, y que sólo busca pasar un buen momento cuando está con amigos, pero supone que podrá prescindir de la droga cuando lo decida.

El alcohol y las drogas

El comienzo suele tener relación directa con el consumo del alcohol. Para los jóvenes, las borracheras junto a su grupo de amigos parecen ser una especie de rito iniciático que marca el comienzo de la vida independiente, y ocurre durante las primeras salidas lejos de la mirada represiva de los padres. Si no se alcoholizan cuando salen, según ellos, “no hay diversión”. Se ha transformado en una moda ampliamente difundida aún entre preadolescentes el no respetar los límites del propio cuerpo. Para ellos, lo divertido es tomar para desinhibirse, reírse, decir pavadas, marearse, aún cuando muchos terminan con vómitos, grandes dolores de cabeza o desmayos casi al borde del coma.

Los hábitos de diversión actualmente se han volcado a frecuentar vares y pubs, donde claramente se predispone al consumo de bebidas alcohólicas. En los boliches donde van a bailar suelen hacer mezclas peligrosas agregándoles bebidas energizantes, medicamentos, etc., que crean un riesgo adicional. En ese marco de confusión mental, incapacidad de decisión, presión grupal, suele suceder que se les ofrece la oportunidad de probar otro tipo de droga como por ejemplo el “porro” (cigarrillo de marihuana), que les abre las puertas a alternativas cada vez más poderosas con la promesa de encontrar sensaciones nuevas, que van “hipotecando” la salud psíquica y física del adicto, e inclusive le crean la obligación de obtener los recursos económicos para abastecerse de sus dosis. Lamentablemente, es en este momento en el que luego de haber abandonado sus responsabilidades laborales, estudiantiles, familiares, etc., cuando el recurso ineludible para conseguir el dinero es el robo. Comienzan los problemas legales, las peleas, la violencia y el consumo en situaciones potencialmente peligrosas. Los problemas se amplían, y trascienden el ámbito familiar.

Actualmente hay otro tipo de adicto que no responde a las características de descuido, vagancia, marginación, inestabilidad emocional con los que nuestros preconceptos rotulan a los tóxicodependientes. Estas personas son formadas, profesionales o estudiantes universitarios con buenos trabajos y nivel social bastante alto, de alrededor de 30 años, quienes se “desconectan” de sus rutinas de tanta presión laboral mediante el consumo de pastillas de éxtasis u otro tipo que ingieren en los “after office”.

Estas son reuniones para bailar o compartir tragos a la salida de sus lugares de trabajo, y suelen realizarse ciertos días de la semana en diferentes boliches. Fuera de esos momentos “recreativos”, bajo los efectos euforizantes del éxtasis, estas personas no dan signos de ser adictos, ya que su rendimiento laboral e intelectual es intachable. Diríamos que son consumidores sociales pero… ¿Hasta qué punto pueden mantener esta relación tan “correcta” con la droga?

Otro fenómeno que recientemente llegó a nuestro país, comenzó en los años ’80, y se puso de moda como la “cultura de la fiesta” o rave. Se trata de fiestas multitudinarias de hasta 24 horas de duración. En ese ámbito se comenzaron a difundir las llamadas drogas de club o recreativas destinadas en principio o combatir el sueño y el cansancio. Se trata de drogas de diseño, o sintéticas, que se procesan en laboratorios clandestinos y frecuentemente se mezclan entre sí produciendo efectos cada vez más peligrosos poniendo en serio riesgo la vida de quien las consume.

En el clima de fiesta y euforia colectiva, se crea el ambiente propicio para inducir al consumo sin pensar, por simple “contagio”: si todos los demás lo hacer… ¿Qué puede pasar?

Fuente: Libro de Enseñanza Media – Secundaria, Adolescencia y Salud.