Clasificación de las Neurosis infantiles

La Neurosis es un conjunto de síntomas psíquicos y emocionales producidos por un conflicto psicológico que se han hecho crónicos, aunque se conserve la capacidad para razonar coherentemente. Es aquella forma en la que el individuo se relaciona con el mundo externo, pero sobre todo lo que no funciona en su mundo interno. Entre sus deseos y lo que a veces reprime de estos deseos, surge un síntoma. Este síntoma será la expresión de aquel conflicto entre el mundo externo y el interno. En la mayoría de los casos la persona sufre y debe recibir tratamiento psicoterapéutico.

Clasificación de las Neurosis infantiles:

a) Estados de ansiedad:

  • Ansiedad aguda y crónica.
  • Síndrome hipocondríaco.

Ansiedad Aguda: suelen ser producto de una crisis de pánico intenso. Los síntomas son palpitaciones y sudores, palidez, dificultades en la respiración, opresión en el pecho, dolores de cabeza, estómago y vientre.

En el adolescente están a menudo asociados a sentimientos de despersonalización y de miedo a la muerte inminente, se manifiestan con ataques a los compañeros, llanto, refugio en los adultos, sentimientos contradictorios. Síntomas asociados: trastornos del sueño y pesadillas.

Ansiedad crónica: la padecen niños generalmente infelices, con miedo a todo. Sufren, en general, de insomnio, y por su estado de angustia permanente pueden presentar problemas de aprendizaje, ya que no pueden concentrarse en sus tareas. Las dos formas más habituales de ansiedad son: la ansiedad de separación y la ansiedad excesiva que, según estadísticas afectan al 12% de los niños y adolescentes de 8 a 17 años.

Síndrome hipocondríaco: toda la angustia es depositada en el cuerpo. La enfermedad es la expresión de esta angustia. Aparecen dolores como resultado de su sufrimiento mental. Son supuestas dolencias. Algo así como “inventarse” la enfermedad, por supuesto que en forma inconsciente. No es premeditado ni se trata de un invento: la persona realmente cree estar enferma.

b) Histeria: “es un estado en el que se hacen presentes una serie de trastornos psíquicos unidos a una sintomatología corporal sin causa orgánica verificable”. (Consultor de psicología infantil, Océano).

Las manifestaciones histéricas pueden tener diferentes formas:

  • Crisis, explosión emocional, llanto, furia, pérdida del control.
  • Trastornos sensitivos y motores, por ejemplo: anestesias, sordera histérica, ceguera histérica, parálisis, tics, crisis respiratorias, vómitos, hipos, etc.
  • Alteración o pérdida de la conciencia, desmayo, sonambulismo.
  • Pérdidas temporales del sentido de la realidad, por ejemplo: alucinaciones.

Los adolescentes son más propensos a las crisis histérica a causa de los conflictos propios de esta etapa, pero la afección suele tener carácter transitorio.

c) Obsesiones: este tipo de patología se presenta a partir de los 6, 7 años. Antes de esta edad pueden ser considerados como actos lógicos repetitivos de aprendizaje de rutinas y hábitos de conducta.

Los niños obsesivos son perfeccionistas, ordenados y meticulosos en exceso. Han sido llamados “pequeños adultos”. Poseen un excesivo autocontrol y un rasgo compulsivo: la repetición de tareas o ritos, por ejemplo asegurarse de que las cosas se mantengan siempre en la misma posición, o lavarse las manos repetidamente. Son acciones cotidianas pero que le quitan al sujeto la energía para realizar otras actividades, porque vive preso de ellas. La creatividad se bloquea debido a esa personalidad sumamente rígida y estructurada.

En el caso de los adolescentes está muy relacionada con las ideas y el razonamiento, es decir, hay una gran energía puesta en el aspecto intelectual y en su control excesivo. La síntesis podría ser: “demasiado pensamiento”.

d) Depresión y manía: la depresión y la manía son dos caras de la misma moneda, suele pasarse de un estado al otro con facilidad. En el estado depresivo aparecen tristeza, sentimientos de culpa que no tienen explicación lógica. También inhibición, fatiga, falta de entusiasmo y de energía, retraimiento, insomnio, jaquecas, hipertensión, anorexia.

El maníaco, en cambio, presenta una exageración de ciertas conductas: euforia, excitación psicomotriz, es decir, mucha actividad física. En los adolescentes se debe distinguir entre la condición típica variable del humor y la depresión propiamente dicha. La depresión no está asociada al mal humor sino a la falta de actividad, una persona depresiva presenta un cansancio mayor que el normal y no tiene deseos de realizar actividad. Una persona malhumorada no es, necesariamente, una persona depresiva. También aparecen en ellos sentimientos de autodesprecio: no están conformes consigo mismos, se ven feos, no les gusta la imagen que el espejo les devuelve. Hay un freno a las actividades vitales y profunda tristeza.

e) Fobias: se trata de un temor angustioso e irracional (es decir, sin razón aparente) ante un objeto o situación exterior que es vivido como amenazante por el sujeto. Las más frecuentes pueden ser la fobia a la escuela, a los animales, a los medios de transporte.

Las causas de las fobias pueden estar relacionadas con algún hecho traumático real o con alguna situación fantaseada pero vivida como real. En muchos casos, para un niño o un joven, la fobia a la escuela tiene que ver con un miedo al crecimiento, ya que los compañeros aparecen como un espejo de aquello que le está sucediendo a él mismo. En otros, la escuela es percibida como un “enemigo”. El rechazo puede ser a la escuela en su totalidad, o abarcar al grupo de profesores o al de compañeros, y suele manifestarse de distintas maneras: como a menudo no puede expresarlo verbalmente, lo hace mediante reacciones de tipo pasivas, en las que muestra desinterés hacia el material de estudio, falta de curiosidad por aprender, o se olvida rápidamente de todo lo que aprende. Alicia Fernández, Psicopedagoga, lo denominó “inteligencia atrapada”. Es decir, la inteligencia se encuentra en buen estado pero por otras cuestiones “no puede aprender”. También se los denomina problemas de aprendizaje reactivos; hay una situación de reacción a la situación escolar.

Dentro de las reacciones de tipo activo la más frecuente es la actitud provocadora, desafiante y despreciativa hacia los docentes, que representan la autoridad: desobediencias, peleas, discusiones, mentiras, etc. El riesgo en estos casos es la deserción escolar, ya que el alumno quiere romper todo tipo de lazos con la institución si ésta no ha sabido contenerlo.

Fuente: Libro de texto secundario Adolescencia y Salud.